La Serranía no es un contenedor de basuras


(Artículo publicado en el número 2 de la revista Adónate, publicada en el mes de febrero de 2000)

Una lectura atenta del contenido de una bolsa o de un contenedor de basura puede llevarnos a la elaboración de un exhaustivo estudio sociológico y psicológico sobre sus dueños. A partir del análisis de los residuos generados por un individuo se puede llegar a conocer su personalidad, su extracción social, sus costumbres, sus manías, el tipo de relación que mantiene con su comunidad y el entorno en el que vive, sus gustos y vicios, incluso su adscripción ideológica y política.

Si esa misma lectura la realizamos a partir de los residuos producidos por una comunidad de vecinos podemos añadir a las conclusiones arriba apuntadas las relacionadas con la higiene y la calidad de su medio ambiente. El estudio de la cantidad y calidad de los residuos sólidos urbanos así como de los derivados de la actividad industrial nos revelerá con toda seguridad el grado de civismo y la cualidad ecológica de ese colectivo humano.

De ahí que la carencia de una planificación equilibrada y una ordenada gestión de los residuos en una comunidad como la valenciana no se corresponda, en absoluto, con una sociedad del bienestar, con una región europea cuya renta per cápita es una de las más elevadas de su entorno económico y con un territorio desarrollado que es presentado por sus máximos responsables políticos como la tierra de las oportunidades.

La sociedad valenciana ha llegado al año 2000 sin una ley de residuos que planifique, gestione, minimice y promueva la reducción, cree infraestructuras de almacenamiento y reciclaje, impida el depósito incontrolado, regenere suelos contaminados y, lo que es más importante, conciencie a sus ciudadanos ante la gravedad del aumento de residuos sólidos urbanos por habitante producido en los últimos años. La responsabilidad en la gestión de residuos comienza en el propio ciudadano, sí, pero continúa en las autoridades locales, provinciales y autonómicas. Es intolerable que la falta de planificación por parte de los responsables de medio ambiente de los gobiernos autonómico y provincial valencianos la paguen las pequeñas corporaciones locales de las comarcas más desprotegidas del territorio administrado.

Colmatados los macrovertederos de Riba-roja de Túria y de Quart de Poblet, y casi colmatados el Pic dels Corbs, de Sagunt, y el de Dos Aguas, el depósito de los residuos generados por la ciudad de Valencia y su área metropolitana es, en este momento, sumamente problemático.

La Serranía, más conocida como la comarca de los vertidos, es víctima de la imprevisión e improvisación administrativas, de políticas electoralistas y de una relación con el medio ambiente absolutamente irracional. En breve, La Serranía verá inaugurados, si nadie es capaz de evitarlo, dos nuevos vertederos dentro de sus límites comarcales. En la actualidad, La Serranía ya cuenta con cinco vertederos ubicados en Losa del Obispo, Alpuente, Pedralba, Chelva y Sot de Chera; y a los que habrá que añadir próximamente dos más: otro en Losa del Obispo, ante la inminente colmatación del que ya existe, y el de Calles.

Si el Ayuntamiento de Pedralba cede ante las presiones del actual Gobierno provincial valenciano y acoge las basuras de las comarcas vecinas, la longevidad de su vertedero, estimada en más de cincuenta años, se verá reducida a unos pocos años —tal vez, menos de cinco— y, lo que es más grave, el problema no habrá sido resuelto. Cada zona de la Comunitat Valenciana debe planificar y satisfacer sus necesidades concretas en materia de residuos sólidos urbanos, debe construir sus propios depósitos, debe invertir en infraestructuras de reciclaje y debe buscar la colaboración y solidaridad con otras zonas menos congestionadas demográficamente. Hay que recordar que gracias a la precariedad económica de sus comarcas interiores, leáse La Serranía, la Comunitat Valenciana sigue percibiendo fondos de ayuda europeos que curiosamente casi nunca abandonan el litoral valenciano. A partir de ahora cuando hablemos de solidaridad y colaboración intercomarcal, hablemos no sólo de quién se hace cargo de la basura sino también de quién recibe más ayudas e inversiones.

Es hora de que los Serranos se rebelen ante este inmerecido castigo inflingido por gobernantes especializados en generar políticas de humo y proyectos emblemáticos. (Conviene no olvidar que irrefutables pruebas de horrendos crímenes y numerosas evidencias de delitos económicos y financieros han sido encontradas en los cubos de basura.)

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