La forma y el fondo
(Artículo publicado en el diario Levante-EMV el 25 de julio de 2000)
La referencia que de Jorge Luis Borges hizo José Luis Rodríguez Zapatero durante su discurso no fue, en absoluto, casual. El nuevo secretario general del PSOE demostró ser en la última hora de la mañana del sábado congresual un gran compositor. Su música sonó bien, al gusto de casi todos los melómanos que poblaban el patio de butacas del Palacio de Congresos Juan Carlos I. Sus sones no recordaron las viejas melodías de siempre ni los revivals de temas conocidos. El oficio de este joven virtuoso quedó plasmado en una partitura coherente y traducida con talento interpretativo, profundidad expresiva e envidiable poder comunicador.
En efecto, forma y fondo fueron de la mano sin posibilidad de ser segregadas en la primera escucha. Mesurado en su discurso tranquilo, mostrando un nuevo concepto de la enfatización, Rodríguez Zapatero comenzó su “solo” en una fresca y optimista tonalidad mayor ligada a la tradición armónica de una escuela, la socialista, de rica trayectoria histórica y bien surtida de creadores y buenos intérpretes. Durante el desarrollo temático, el nuevo líder fue desgranando intenciones e ideas a partes iguales: la paridad de la mujer, cuestiones de Estado como el terrorismo y la inmigración, la aplicación del cuarto supuesto del aborto, las nuevas tecnologías, la sociedad de la comunicación… El discurso ganaba en densidad, pero sin alejarse del tono principal ni del tempo marcado en los primeros pentagramas. Rodríguez Zapatero mantuvo el equilibrio en las texturas, el control dinámico, la elegancia en el fraseo, con el fin de llegar a la coda final con la misma ilusión introducida en los primeros compases sin necesidad de recurrir al artificio sonoro, a la estridencia o a los consabidos trucos retóricos. La música del “buen diputado” —como lo han definido los políticos del PP— sonó bien. Sonó a esperanza, a cambio y a renovación, pero sin rupturas. (Toda evolución requiere un pacto entre la tradición y la innovación). Sin duda, este leonés es consciente de que un cambio en la forma de hacer política necesita un fondo distinto, unas ideas renovadas (o viceversa), aunque sin rompimientos. Al igual que sucede en la música —lo escribió Borges y Rodríguez Zapatero lo recordó en su parlamento— en el mundo de las ideas “forma y fondo se confunden” y en la aplicación de ese concepto estético es donde el actual secretario general del PSOE quebró la monótona y conocida línea discursiva de sus compañeros oponentes. Su juventud, su espíritu abierto y plural y su inmaculada trayectoria política como diputado hicieron el resto, proporcionando credibilidad a sus palabras. Sólo cabe esperar que cuando suba al atril y con la batuta en la mano Rodríguez Zapatero consiga trasladar su partitura a la dividida orquesta socialista y que esta suene como sonó él el pasado sábado congresual.


