Un concierto con I+D+i


(Concierto celebrado en el Club Diario Levante el viernes, 8 de junio de 2007)

La nueva mirada que la empresa valenciana Musikeon propone en su ciclo de 4 conciertos diferentes y experimentales despertó máximo interés, dada la generosa afluencia de público que asistió al primero de ellos y que tuvo lugar el pasado viernes en la sala del Club Diario Levante. ¿Qué es lo que plantea este ciclo dedicado a la experimentación con las poéticas musicales y/o sonoras del mundo contemporáneo? ¿Poner en un aprieto a los ortodoxos y a los amantes del purismo en arte? ¿Atentar contra la seriedad y el acartonamiento de muchos filarmónicos? ¿Despertar el mal genio de algún compositor q.e.p.d. o de quienes vigilan y atesoran su legado? ¿Humanizar y dar a conocer la herencia musical más cercana en el tiempo y más desconocida por todos? ¿Aplicar I+D+i al arte de los sonidos?
Luca Chiantore, pianista, musicólogo y director de Musikeon, despejó cualquier duda al respecto durante la presentación del ciclo. No se trata más que de reubicar la música de los Siglos XX y XXI en concierto público, renovando el concepto de concierto con nuevas y a veces sorprendentes maneras de presentar el repertorio. Desgraciadamente, el repertorio más desconocido para el público en general. De forma que si alguien se siente molesto o lo considera demasiado heterodoxo, poco serio o incluso irreverente, sólo tiene que mirar y escuchar hacia otro lado.
www.4hands4feetpiano.com
Estas nuevas miradas comenzaron con la dirigida a Igor Stravinsky y a dos de sus grandes y más revolucionarias obras maestras para la danza, estrenadas sobre los escenarios parisinos de la segunda década del siglo pasado y duramente contestadas por la sociedad de su tiempo. Los jóvenes pianistas (y percusionistas) Ángela López Lara (Albacete, 1979) y Diego Ghymers (Santiago de Chile, 1974) interpretaron Petrushka, Escenas burlescas en cuatro cuadros (1910-11) y La Consagración de la Primavera (1911-13). La primera contó con el apoyo de la proyección de una secuencia de imágenes que, disparadas desde un powerpoint, fueron ilustrando la trágica historia de Petrushka. La segunda, también en versión para piano a cuatro manos, contó al igual que la primera con la incorporación de la percusión en los cuatro pies en esta suerte de adaptación libre en la que ambas partituras vieron reforzadas y ampliadas sus posibilidades tímbricas, rítmicas y escénicas.
Ciertamente se trata de una propuesta atrevida e innovadora y el trabajo realizado por el dúo Piano a 4 manos y 4 pies aporta una frescura en su planteamiento interpretativo, escénico y sobre todo pedagógico sin parangón hasta la fecha. Las introducciones a cada obra —o más bien las notas al programa a capella— fueron de lo más simpáticas a la vez que motivadoras e instructivas.

Por otra parte, la interpretación de Petrushka acompañada por imágenes, lejos de desentonar, despistar o desmerecer la excelente ejecución llevada a cabo por este magnífico tándem pianístico, completó una propuesta musical que en su origen nació para acompañar un espectáculo de danza.

La Consagración contó con otra virtuosística interpretación, donde los grandes valores primitivistas y ancestrales fueron acertadamente puestos de manifiesto por la percusión y los ritmos ostinatos y rotos de Stravinsky.
La anunciada sorpresa final del concierto consistió en la escucha de una interesante composición de Ghymers, en la que se dejaron entrever sus claras adscripciones estéticas. La fusión de diversos lenguajes, entre el jazz y la contemporaneidad (con la utilización de una escritura paramétrica y la manipulación del alma del piano), este joven pianista y compositor muestra una gran personalidad creativa.

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