El arte que pone a prueba la vida
(Concierto celebrado en el Club Diario Levante el viernes, 15 de junio de 2007)
El pasado viernes se celebró en el Club Diario Levante el segundo de los «conciertos diferentes» del ciclo Nuevas Miradas 2007, organizado por Musikeon y con la colaboración de Clemente Pianos y la Sociedad de Gestión Artistas, Intérpetes o Ejecutantes de España, entre otras entidades.
Interpretado por la joven pianista valenciana Hada Benedito y con la participación de la actriz catalana Judith Rocabert en las cuestiones escénicas, el concierto consistió en un homenaje al compositor norteamericano John Cage (1912-1992). Con el sugerente título de Música para piano y otros objetos sonoros, estas jóvenes artistas dieron a conocer su personalidad y sensibilidad atípicas, sobre todo en el caso de Benedito, con un espectáculo musical y escénico sumamente atractivo. Ayudada de elementos escénicos —atrezzo, vestuario e iluminación minimalistas, tal y como mandan los cánones cageanos— y de la proyección de imágenes de vídeo a tiempo real, así como de tímidos y un poco inseguros movimientos escénicos, esta prometedora alumna de Pablo Gómez y Luca Chiantore transmitió con solidez y madurez interpretativas el «arte sin fronteras y sin límites» del compositor del silencio.
A lo largo de hora y media, Benedito, fue recuperando y haciendo suyas una a una todas las composiciones musicales de Cage seleccionadas para la ocasión y entre las que se encontraban verdaderas piedras filosofales del legado de este artista inclasificable. Si «Bachanale», «In a landscape» y «A room», obras pertenecientes todas ellas a la misma época —años 40 del siglo pasado—, nos presentan un Cage minimalista, repetitivo y cuasihipnótico, el Cage inventor del piano preparado, percusivo, que desdeña el temperamento, «Water music» y «Music for piano 69-84», ambas datadas en 1960, y «Suite for toy piano» (1948) nos presentan un Cage totalmente entregado al juego sonoro, a la experimentación organizativa del sonido con la utilización de numerosos objetos que se incorporan con toda naturalidad y con toda su vitalidad al discurso inconfundible del Cage más imprevisible, interactivo y duchampiano.
«El arte es una especie de estación experimental en la que ponemos a prueba la vida», nos dijo el músico nacido en Los Ángeles que nunca hizo distinciones entre la vida y el arte, porque todo forma parte de uno mismo. De ahí que partituras como «Music for piano 69-84» invitan al intérprete y al público a participar en una nueva ceremonia de la escucha y de la participación creativa. Cage, el compositor, sólo propone, insinúa, invita, silencia, facilita; los demás deben actuar, completar, seguir el camino por él propiciado.
«No me interesan los resultados, sólo seguir adelante». Para John Cage el concepto de concierto clásico está muerto. La experiencia de Benedito/Rocabert abrió ese ancho mar de posibilidades y el público aprovechó las oportunidades para construir su propio imaginario sonoro a partir del rico pensamiento del polémico autor de «4’33’’». Aplausos sinceros para todo el mundo: intérpretes, oyentes y, cómo no, para el compositor homenajeado.



Interesante velada la del aquel viernes. Interesante supongo, para los ya iniciados en la música contemporánea, que tan pocas ocasiones tienen de asistir a este tipo de eventos. Interesante también para los que nos acercamos con más curiosidad que formación, oídos y ojos bien abiertos a estas experiencias. Eso sí, abstenerse quien piense que en la cultura ya está todo dicho.