El flamenco en la cultura mundial
(Artículo publicado en el nº 7 de la Revista Cultural Contrastes, diciembre-enero 1999/2000)
La rápida aplicación de los avances tecnológicos al sector de la comunicación tras la Segunda Guerra Mundial procuró una instantánea transferencia e intercambio de ideas a lo largo y ancho del planeta. La radio, la televisión, la industria discográfica y, más tarde, los ordenadores e Internet han revolucionado el mundo del pensamiento, de la creación artística y de la música. Las culturas locales, y ahí nos encontramos con el flamenco, se han visto proyectadas a la cultura mundial y ésta, a su vez, ha invadido y sometido a las primeras. El carácter ancestral y popular del cante jondo, de extricta transmisión oral, ha conectado con facilidad con las demás culturas populares de la nación sonora mundial.
El flamenco pronto entra a formar parte de la contracultura de los años sesenta y setenta y la nueva significación de la cultura popular alcanza al flamenco jugando su legítimo papel en la confrontación con la cultura establecida y los cánones de lo culto.
¿Hubiera surgido el mestizaje entre el flamenco y el jazz si Manuel de Falla (Cádiz, 1876; Córdoba (Argentina), 1946) no hubiese evocado la atmósfera musical del cante jondo o flamenco en sus Noches en los jardines de España (1911-15) o en su ballet El amor brujo (1915)? ¿Hubiera llegado el cante jondo en su forma más pura a ser conocido más allá del territorio que lo vio nacer y lo albergaba si la industria discográfica no hubiese dedicado un apartado importante de sus catálogos a este género? Fue a partir del impresionismo español del maestro gaditano, cuando el compositor y arreglista de origen canadiense Gil Evans (1912-1980) conoce las verdaderas posibilidades y dimensiones estéticas del flamenco y realiza a finales de la década de los cincuenta una de las mejores síntesis entre la música española —“por la que siempre me había sentido atraído”— y el jazz. Con el LP Sketches of Spain, grabado por su Orquesta y el inigualable trompetista afroamericano Miles Davis entre noviembre de 1959 y marzo 1960, Evans consigue poner de moda lo español en el ámbito jazzístico del Cool.
La cultura contemporánea y su carácter plural fue, sin duda, el otro factor que facilitó la “reunión bajo la misma égida de dos reinos que en el pasado estaban frecuentemente enfrentados: el mundo del corazón y el mundo de la mente…; de lo que aquí se trata es de la unisonancia de ideas con emoción, precomposición con improvisación, disciplina con espontaneidad”, en palabras del crítico y editor Bill Matthieu. El resultado sonoro, tímbrico, textural, armónico y rítmico de Sketches of Spain fue de una profundidad emocional y dramática inexistente hasta ese momento en el Jazz, convirtiéndolo durante años en un disco de culto y consulta. Para Miles Davis, “esa melodía (el segundo movimiento del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo) es tan fuerte que cuanto más suavemente la interpretas más fuerte resulta, y cuando más fuerte la tocas tanto más frágil resulta”.
En aquellos años, músicos de jazz indagaron en el flamenco dando como resultado numerosas composiciones mestizas: Blues for Pablo, incluido en el apreciado álbum Miles Ahead, que el propio Miles Davis, junto a Gil Evans de nuevo, publicó en 1957; también los Flamenco Sketches, doce compases en 6/8, del Kind of Blue (1959), de Davis; en Untitled Original (Exotica), el saxofonista John Coltrane coquetea con la escala hispano-árabe y la cadencia frigia, y en Olé, junto a Eric Dolphy en la flauta y Freddie Hubbard en la trompeta y sus inseparables acompañantes McCoy Tyner, Reggie Workman y Elvin Jones, son algunos de los ejemplos más sobresalientes.
Años más tarde, en la era de la fusión y del eclecticismo más fructífero, el pianista Chick Corea funda en 1972, junto al flautista Joe Farrell y los brasileños Flora Purim y Airto Moreira, y el bajista Stanley Clarke, Return to Forever, una suerte de ecumenismo de todas las doctrinas musicales vigentes: la brasileña, la música clásica, el jazz y toques de flamenco. Más tarde, Corea firmaría su My Spanish Heart, toda una declaración de principios estéticos. Guitarristas como el británico John McLaughlin, Larry Coryell y Al di Meola trabajaron sin excesivo rigor la fusión del jazz con el flamenco en la década de los setenta y que más tarde llegaría al gran público a través de los tríos guitarrísticos formados entre ellos con Paco de Lucía en 1981 (LcLaughlin/Coryell/Lucía), y en 1982 y 1983 con di Meola en lugar de Coryell. También debemos a otro guitarrista norteamericano llamado Jim Hall una nueva versión jazzística del archiconocido Concierto de Aranjuez, fechada en 1975.
No obstante, sería Pedro Iturralde (1929) con quien el terreno del jazz-flamenco sería abonado con mayor rigor. A caballo entre las décadas de los 70 y 80, el saxofonista navarro volcaría en cuatro discos (uno de ellos junto al ya famoso Paco de Lucía) el resultado de la experimentación más arriesgada e interesante de cuántas se habían llevado a cabo hasta la fecha. A partir de melodías populares, de composiciones originales y de partituras de compositores fundamentales de la música española del siglo XX como Enrique Granados; y acompañado de Dino Piana (trombón de pistones), Paco de Algeciras (guitarra), Paul Grassi (piano), Eric Peter (contrabajo) y Peer Wyboris (batería), Iturralde sienta las bases de una sana convivencia entre el jazz y el flamenco, que en años posteriores sería fomentada por jóvenes músicos, hoy consagrados, como el también saxofonista y flautista Jorge Pardo, el pianista Chano Domínguez, el contrabajista Javier Colina, el percusionista Tino di Geraldo, el batería Guillermo McGuill y guitarristas como Tomatito y Raimundo Amador, entre otros. Sin olvidar al gran saxofonista valenciano Perico Sambeat y su excelente trabajo discográfico Ademuz (1995), en el que reunió a grandes figuras del jazz y del flamenco como Brad Mehldau, Mark Turner, Mike Leonhart, Kurt Rosenwinkel, Jordi Rossy, Joe Martin, Guillermo McGill, Enric Canada y la colaboración especial del cantaor Enrique Morente.
También en el ámbito de la creación musical contemporánea, compositores como Maurice Ohana y su opus lorquiano, y el español Cristóbal Halffter con su Debla para flauta, por poner sólo dos ejemplos cercanos y conocidos, son claros exponentes de la trascendencia que el cante jondo tiene en la música actual.
El mestizaje cultural marca este final de milenio con gran contundencia y en la nueva cultura mundial sólo hay lugar para la convivencia entre géneros, manifestaciones y mixturas de toda índole. Más allá de posturas ortodoxas excluyentes, el flamenco participa con todos los honores en ese nuevo orden sonoro global.


