Irrepetible experiencia sonorovisual
Concierto-proyección de la película NANOOK OF THE NORTH (Nanuk el esquimal), de Robert J. Flaherty (1922).
Encargo del Instituto Valenciano de la Música a Josep Lluís Galiana. Estreno absoluto.
Ensemble Impromptu: Josep Lluís Galiana (saxofones), Jorge Gavaldá (guitarra procesada), Osvaldo Jorge (percusiones), Gregorio Jiménez (electrónica), David Herrington (trompeta i tuba), Remigi Roca (contrabajo) y Pep Llopis (mezclas y difusión).

Puntual a su cita anual con el público valenciano y en el marco de l’aula d’altres músiques, el Ensemble Impromptu, nacido en el seno de este festival imprescindible para conocer nuevas propuestas y arriesgadas mixturas musicales, ofreció un concierto gratamente infrecuente. Integrada por sus habituales miembros: Josep Lluís Galiana, Jorge Gavaldá, Remigi Roca, Osvaldo Jorge, David Herrington y Pep Llopis, así como con la colaboración del compositor valenciano Gregorio Jiménez en la electrónica (laptop y samplers), esta formación de improvisadores se enfrentó con gran éxito al difícil reto de crear una banda sonora en tiempo real para el conocido clásico cinematográfico Nanook of the North (Nanuk el esquimal), que el cineasta norteamericano Robert J. Flaherty realizara en el ya lejano año 1922.
Retomando el viejo espíritu de crear una Banda Sonora Original (BSO) en vivo y en directo tal y como se hacía en el cine cuando éste era mudo y, al mismo tiempo, adhiriéndose a las nuevas tendencias contemporáneas donde se conjugan sonido e imagen, el buen trabajo del Ensemble Impromptu brindó a los espectadores/escuchadores una irrepetible experiencia sonorovisual.
El autor de la partitura, encargo del Instituto Valenciano de la Música, y conductor del Ensemble Impromptu, el compositor y saxofonista valenciano Josep Lluís Galiana, demostró conocer a la perfección los mimbres sonoros y tímbricos con los que contaba para construir un discurso no sólo efectivo y coherente respecto al discurso visual sino que el resultado obtenido podría haber funcionado independientemente de la imagen.
Más allá del análisis antropológico realizado por Flaherty, poniendo al alcance del espectador occidental la adversa vida de los inuits, esquimales que habitaban en el duro paisaje de la Bahía de Hudson cerca del Polo Norte, el filme es capaz de encontrar momentos emotivos de la cotidianidad de estos extintos clanes familiares.
Las diferentes secuencias del documental —la caza de la foca, la tormenta de nieve, el papel de los perros, la construcción del iglú o el trágico final, entre otras— son seguidas de manera sorprendente por unos recursos musicales totalmente alejados de las estéticas convencionales y que se adaptan perfectamente a la de por sí ya sorpresiva relación de escenas que el espectador percibe sobre los personajes. La música queda, así, convertida en un personaje más de la película como hecho artístico, sumamente creativo.
La asignación de determinados instrumentos o parámetros a diversos personajes o situaciones otorgan plena coherencia a un devenir sonoro en el que Nanook opta por las frencuencias más bajas del contrabajo o la tuba; las largas marchas recaen en la percusión étnica; los instrumentos agudos son para los personajes femeninos y los niños; los paisajes inquietantes son para la electrónica; los diferentes clímax siguen a una controlada, pero emocionante descarga sonora altamente electrizante con un final invadido por un estremecedor cluster.
En la proyección de Nanook, que tuvo lugar en un salón de actos del IVAM totalmente abarrotado y que es la actual sede de proyecciones del IVAC-La Filmoteca, el público cinéfilo quedó sorprendido al ser testigo de una nueva manifestación artística que le permitió reencontrarse con el antiguo genio de Flaherty.
Fernando Franco. Levante-EMV, 4 de diciembre de 2007


