«…buscando el expresar así la idea de una música que sería la voz misma del silencio…»
La pasada semana entrevisté al compositor valenciano y presidente del Colectivo ART’S. XXI, Emilio Calandín, en el programa de radio Club de músiques, en La 97.7, con motivo del concierto-homenaje a músicos valencianos que tendrá lugar el próximo miércoles, 30 de abril, en el Palau de la Música de València. El concierto, que será interpretado por el pianista Bartomeu Jaume, incluirá composiciones de José Baguena Soler y Vicente Asencio, ambos nacidos el siglo pasado hace ahora cien años, y de Javier Costa y Emilio Calandín, que cumplen su 50 aniversario durante el 2008.
Buscando en mi archivo, he encontrado un comentario publicado en el diario Levante-EMV, que reproduzco más abajo, sobre un recital de piano ofrecido por Bartomeu Jaume en la antigua sede del Instituto Francés de València en la calle de San Valero hace algo más de un década. En dicho concierto, Jaume abordó la música callada del gran compositor catalán Frederic Mompou.

«No hace mucho me preguntaron qué me parecería ilustrar unas imágenes de la España de los años treinta con la música de piano de Erik Satie. Yo les respondí con otra pregunta: ¿por qué no con la de Frederic Mompou (1893-1987)? Caló la reveladora sugerencia.
Paradójicamente el pasado martes, la Música callada (1959-1967) del compositor catalán sonó en el auditorio del Instituto Francés de València. De manos del brillante pianista Bartomeu Jaume sonó a descubrimiento.
Dolorosa, triste, tornasolada, luminosa, alegre, cálida, distante, cautivadora, lejana, ancestral, emotiva, siempre evocadora, la música desnuda, sin desperdicios, de Mompou es pura poesía sin palabras. La Música callada, inspirada en unos versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, constituye el máximo exponente de toda su creación. Cuatro cuadernos —veintiocho piezas—, interpretados por Jaume sin solución de continuidad, recogen la esencia del arte mompouiano. Siempre «…buscando el expresar así la idea de una música que sería la voz misma del silencio…».
Las sonoridades mompuianas, como las campanas, el ajetreo de las calles y las melodías de su ciudad natal, están omnipresentes, más que nunca, en su Música callada. Muchas de las piezas dejan ver imágenes mudas de un cine mudo que nace con Mompou. Los recuerdos musicales de la infancia y las melodías sencillas van dejando espacio a un mayor laconismo en las líneas, a una mayor abstracción y pureza musicales, a medida que avanzan los números de los cuadernos. De la voz personal y original de un artista de excepción en una España castiza en la que todavía se golpean a diestro y siniestro las panderetas emergió una música íntima, intuitiva y espontánea.
Acostumbrados a escuchar la música de Mompou interpretada por el propio Mompou —cinco discos componen la Integral de la obra de piano grabada por él mismo a mediados de la década de los años setenta para el sello Ensayo— no echamos a faltar nada importante en la magnífica ejecución de Bartomeu Jaume.
Conocido en los escenarios valencianos por haber sido miembro durante diez años del Grup Instrumental de València, Jaume interpretó a Mompou con exquisita sensibilidad, con la seriedad y el rigor que caracterizan todas sus actuaciones. Consiguió que el público habitara la «soledad sonora» de Mompou.
Fruto de una gran concentración y de un atento análisis, el pianista de origen mallorquín dio dimensiones precisas y únicas a cada una de las piezas.
En privado y en público, siempre he dejado bien clara mi opinión acerca de este músico. Pianista todoterreno, Bartomeu Jaume es capaz de adaptarse a cualquier estilo musical y contexto estético. Bien como solista, bien como músico de plantilla de un ensemble contemporáneo; bien haciendo las veces de acompañante o bien en calidad de intérprete de música de cámara, este pianista sorprende por su enorme versatilidad.
Junto a una gran precisión técnica, Jaume realizó un auténtico trabajo de orfebrería, destancando la amplia gama dinámica, la infinidad de matices y ataques, el espléndido empaste de las armonías, el admirable criterio con que manejó las constantes fluctuaciones del tempo…»
Josep Lluís Galiana. Publicat en Levante-EMV. 26 de febrer de 1998


