Nos queda tanto por aprender
It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing)
A lo largo de su historia, los pedralbinos han cultivado amor y pasión por el pensamiento, la cultura y el arte a través de sus más diversas manifestaciones. Escritores y poetas, artistas y arquitectos, políticos y librepensadores, y muy especialmente, músicos.
José Martínez Ramírez el Calero perteneció a alguno de esos grupos de pedralbinos arriba relacionados, pero, sobre todo, al amplio grupo de los últimos. El Calero fue, antes que otra cosa, músico, pero no un limitado ejecutante sino un músico comprometido con el arte de los sonidos, contemporáneo y sorprendentemente ilustrado. Desde el atril con sus instrumentos, con la batuta sobre la tarima o desde su magisterio en la Banda La Democrática, su querida banda, El Calero siempre procuró enseñar todo lo que sabía, que no era poco, y mostrar caminos nuevos y otras maneras de hacer música a los jóvenes pedralbinos que pasaron por su aula. “Nos queda tanto por aprender”, decía una y otra vez. Su condición de autodidacta, la misma que disfrutaron tantos otros de su generación, gracias a la ignominiosa y ágrafa represión franquista, le vistió un traje de humildad y generosidad que llevó con envidiable porte durante toda su vida.
Siempre recordaremos su preocupación por cómo se decía la música, sobre cómo había que expresarla. Y tenía toda la razón: leer las notas no es suficiente para saberse músico. Había que decirlas bien y él siempre tuvo claro que había que frasear y colocar esas notas en su lugar correcto y con su articulación adecuada a cada estilo. Ya lo dijo Duke Ellington (uno de sus músicos preferidos): “It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing)”
Pero, José Martínez el Calero también fue un hombre de su tiempo y actuó en la plaza política y social. Siempre le gustó ese escenario y lo disfrutó con deleite. Su afición a la dialéctica, al debate de las ideas y, sobre todo, su ansia de libertad y justicia le hicieron militar desde muy joven en la lucha antifranquista. Su exilio a Francia le ayudó a ensanchar su mirada como a tantos otros buscadores de los valores democráticos. Comunista convencido, el Calero diseñó su vida bajo los parámetros de la austeridad, sin estridencias y siempre respetuoso con los suyos. No hace falta tanto para vivir con dignidad: una familia, una casa donde morar y guardar los sueños y un trabajo honrado con el que ganarse el pan. Y el resto del tiempo, para disfrutar de la amistad, de la música y de la conversación. ¿Qué más se necesita?
Gracias, Calero.
Gracias por enseñarnos tanto, aunque somos conscientes de que nos queda mucho más por aprender.


