La decencia debe volver a la vida pública
Cuando la confusión reina en las instituciones y la clase política (¿por qué diantre agrupamos a los políticos en una clase? Nadie se refiere a la ciudadania como clase ciudadana) pierde de vista el horizonte de la ética y de la responsabilidad con la ciudadanía, es hora de denunciar desde cualquier tribuna que se tenga a mano e incluso desde la calle. Es vergonzoso y muy preocupante para la salud democrática de nuestro país que los que nos representan en la vida pública, los políticos elegidos en las urnas, no muestren el más mínimo pudor y decencia en afrontar con la verdad sus conductas y actuaciones públicas.
Lo pagaremos muy caro si finalmente la justicia no logra quitar de sus puestos a todos los políticos implicados en la corrupción. En España, se ha confundido la condición de aforado con estar al margen de la ley. Este derecho/privilegio que ampara a ciertos cargos electos no puede en ningún caso confundirse con la impunidad para cometer delitos.
Como ciudadanos libres, ha llegado el momento de pensar y sacar nuestras propias conclusiones, posicionarse al lado de la justicia y de la verdad. Como ciudadanos libres, debemos estar por encima de cualquier signo político. En el caso de la trama de corrupción conocida como Gürtel (correa, en alemán) no se está juzgando a las instituciones democráticas que nos representan a todos, ni al ejercicio legítimo de la política. Tampoco se juzga una opción política. Sólo se están vigilando y juzgando delitos tipificados en nuestro Código Penal. Si uno de nosotros —como ciudadanos libres— cometiésemos alguno de los delitos cometidos presuntamente por los diputados, senadores y concejales del Partido Popular, seríamos juzgados y se nos aplicaría con rigor el peso de la ley. No lo pongan ustedes en duda. A nadie se le ocurriría robar al empresario para el que trabaja ni aceptar comisiones en compras cuyas cantidades han sido infladas sospechosamente ni llevar una doble contabilidad. Tampoco se nos ocurriría defraudar a Hacienda. Entonces, ¿por qué vamos a apoyar a unos políticos que sí han cometido todo ese tipo de delitos castigados por la ley. Sus delitos son caprichosos y no les eximen de responsabilidad porque no han sido cometidos por necesidad, por hambre o por la falta de recursos para alimentar a sus familias. Son delitos cometidos desde el afán de poder y de lujo.
Sin duda alguna, ésta no es la clase política que queremos que nos represente. Estos políticos deben abandonar urgentemente la actividad política para poder seguir disfrutando de un país libre donde todo el mundo cumple con la ley, sea político, empresario o trabajador. La decencia debe volver a la vida pública.
¡YA!


