«El ruido es poder. Quien tiene la capacidad de sonar más fuerte es el que se impone al resto»

«El ruido es poder. Quien tiene la capacidad de sonar más fuerte es el que se impone al resto»

El autor afirma que una educación que se precie tiene la misión de despertar el interés, la curiosidad y la pasión por el arte

20141212.Entrevista al Posdata

12.12.2014 | 01:16

MARIA TOMÀS I GARCIA 

¿De qué que hablamos cuando hablamos de música?

De sonidos, vibraciones y escuchas; de ritmos y pulsaciones; de texturas y timbres; de espacios y silencios; de composiciones, procesos, interacciones y performances?

¿Qué es la creación electroacústica?

Pierre Henry la define en 1959 como el inabarcable e inagotable «campo de investigación y experimentación sobre el lenguaje musical a través de las tecnologías electrónicas». Es el género musical sin el cual seríamos incapaces de comprender la música creada desde la década de 1950 hasta hoy y que ha cambiado por completo nuestra calidad de escucha.

¿Y la improvisación libre?

Una forma de hacer música en la que no median partituras, estructuras, ni jerarquías, y el proceso creativo está por encima del producto creado. El sonido es el único vehículo que guía este proceso de creación instantánea, de autoría colectiva, permeable a lo que acontece, y que exige a improvisadores y al público diferentes tipos y niveles de escucha para entender y entenderse en ese proceso. Hablamos de una manifestación musical culta y contemporánea, surgida en los sesenta, que avanza sustentándose en lo que puede hacer y no tanto en lo que hace, mucho menos en lo que deja hecho.

¿Término sólo válido para la música?

No. La improvisación se practica en otras manifestaciones artísticas como el teatro, la danza o la poesía. Forma parte de nuestras vidas: desde el grito que lanzamos al salir de la placenta hasta el día de nuestra muerte, pasando por nuestras relaciones sexuales, y a pesar de las connotaciones negativas que se le atribuyen, la improvisación nos hace más creativos, espontáneos y libres. 

¿La música es la vía más rápida para acceder a la emoción?

Sin duda. La música es pura fisiología, se aferra a nuestras vísceras, nos hace vibrar, nos golpea el pecho y nos pone en movimiento.

La emoción sonora y no solo?

La emoción es una reacción ante cualquier estímulo que va a condicionar nuestra conducta, y se activa de muy diversas maneras. Es verdad que los sonidos tienen una fuerza física, inconsciente, prerracional y quasi animal que nos aleja del pensamiento para entregarnos a la emoción en su estado más puro. 

Si bien, Paul Valéry afirma que «Todas las artes viven de palabras».

Es nuestra necesidad de racionalizar y verbalizar cuanto nos rodea, afecta y emociona, aunque en ocasiones no sirva para nada y, en el caso de la música, sólo consigamos alejarnos del hecho sonoro único, irrepetible e inexpresable, y de la experiencia sensible que provoca.

¿Cuáles son los ámbitos que rastrea la música experimental?

Nos lleva a explorar, a descubrir o a encontrarnos con territorios sonoros desconocidos e imprevisibles. Gracias a la tecnología, la manipulación del sonido en sus más íntimas estructuras nos permite ir mucho más allá de los valores absolutos de la música. 

Su libro empieza como el tango. Que veinte años no es nada.¿A qué se refiere?

La música, considerada el arte del tiempo, es sólo instante y espacio resonante. Cuando su presencia se disipa en el aire, deja de existir. Es la máquina capaz de aniquilar el tiempo para convertirse en espacio, en presencia efímera.

No quiere sentar cátedra. Eso le honra.

El libro son escritos musicales rescatados de la hemeroteca y del olvido, con los que intento restituir una parte de nuestra memoria sonora colectiva y marcar vivencias, sentimientos, inquietudes y emociones compartidas en un tiempo y en un espacio concreto.

Desde la primera entrevista a Kambra Ensemble en 1992 hasta las crónicas del XIX Festival Punto de Encuentro de 2012 han pasado muchas cosas?

He sido testigo de cómo las nuevas generaciones de compositores, intérpretes y artistas sonoros se han comprometido con nuevas formas de hacer música y con diferentes propuestas artísticas, y de que nada de lo que provenga de la música producida por medios electrónicos les es ajeno.

Usted señala un camino entre la ética de la tolerancia y la indiferencia estética?

A finales del XX desaparecieron las certezas y el poder en la composición musical. Los dogmas del serialismo integral dieron paso a la tolerancia y finalmente a la indiferencia hacia la creación musical. El consumismo, el individualismo, la vida-espectáculo y la fragmentación y la banalización del relato artístico han consolidado una nociva cultura del entretenimiento, la complacencia y la obsolescencia.

Es preciso perderse, dejar de pensar, para empezar a escuchar. ¿De acuerdo?

Me gusta que la escucha piense. Que los oídos piensen con autonomía y que a la vez disfruten de la sensualidad de los sonidos. Todo lo demás distrae y no aporta nada a la escucha.

¿Qué papel ocuparía el silencio, tan importante, y, sin embargo, no dejamos de hablar generando un ruido inmenso de fondo?

El ruido es poder. Quien tiene la capacidad de generar más ruido, sonar más fuerte, es el que se impone al resto. El silencio, prácticamente, ha desaparecido de nuestras vidas e incluso causa miedo si resurge.

Sin educación no hay artes?

Los conocimientos y la sensibilidad por el arte se enseñan y aprehenden en la escuela. También en casa, pero una educación que se precie tiene la misión de despertar el interés, la curiosidad y la pasión por el arte, aunque todo parece indicar que legisladores y gobernantes no están por esa labor. Me temo que tienen sus razones ideológicas y políticas.

About Gali

saxophonist ~ improviser ~ writer ~ editor

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